Thursday, September 04, 2008

Desayuno en la ciudad (un mini relato)


Aquel chamo apenas había tenido que empezar a andar por su cuenta hace unos días. Como todas las mañanas desde entonces, entró a la cafetería a desayunar; como todas las mañanas desde entonces, pidió un café negro grande y un sándwich mixto; como todas las mañanas desde entonces –ya era la cuarta–, la mesera le trajo otra cosa, esta vez fue una arepa con queso amarillo y un jugo de lechosa. Él sólo levantó la mirada y dijo gracias a la espalda de la mujer, que ya se alejaba. Aunque el queso no le supo a nada y el jugo le supo un poco amargo, comió lo que no había pedido, pagó, se levantó y se fue.

A la mañana siguiente, llegó de nuevo el chamo a la cafetería para desayunar y pidió otra vez un café negro grande y un sándwich mixto. La mujer esta vez le trajo un omelette y un jugo de naranja. Él, como un día atrás, le dio las gracias y luego comió. El jugo, de nuevo, le supo amargo, más que el día anterior; el plato, ahora el omelette, ya no fue desabrido sino agrio. Al terminar, pagó y se fue. Al día siguiente, fue a desayunar al mismo sitio, pidió un café negro grande y un sándwich mixto otra vez, y otra vez la mesera le trajo otra cosa (una cachapa con queso de mano y una chicha). Él dio las gracias a la espalda de la mesera y comió. La cachapa le fue realmente agria y la chicha le pareció fermento de cuan amarga le supo y cuan fétida le hedió, pero igual comió y bebió. No dijo nada; sólo pagó y se fue. La amargura en su boca era tal que no dejaba de pasarse la lengua entre los labios y sus ojos se entrecerraban mientras salía del local y después mientras caminaba por la calle.

La séptima mañana, él fue a la cafetería por su desayuno. Nuevamente pidió un café negro grande y sándwich mixto. Nuevamente la mesera le trajo lo que le dio la gana: un sándwich de jamón y queso y un café con leche. Sin probar la comida, el amargor de aquel arbitrario desayuno le lleno la boca hasta la garganta. De nuevo se pasaba la lengua entre los labios por aquel infame sabor. Se levantó de la mesa en un envión, llamó con un tono firme a la mesera, que apenas se alejaba de él, y le reclamó como endemoniado pero sin subir la voz por su séptima arbitrariedad. La mujer quiso alterarse y hablarle más alto. Fue cuando él, sin dejar que la mesera terminara lo que pretendió contestarle, se le acercó a la cara y le dijo casi susurrando, aunque decididamente, que eso no era lo que él había pedido, ni hoy ni seis veces antes; que le trajera lo que él había ordenado. Luego se alejó, se sentó y apartó el plato y la taza. La mujer llegó a la mesa, recogió aquello y pidió disculpas con una voz perturbada por un notable vibrato. Minutos después, llegó con un café negro y un sándwich mixto sin que él hubiese repetido su pedido. El chamo comió y bebió con tanto gusto; todo sabía a lo que tenía que saber. Cuando terminó de comer, pagó, le dio las gracias a la mesera y se fue. Al día siguiente, fue a la misma cafetería para desayunar. Se sentó y pidió una arepa de pollo y un batido de guayaba. A los minutos la mesera, la de siempre, le trajo una arepa de pollo y un batido de guayaba. Él le dio las gracias a la espalda de la mujer, que ya se alejaba; comió, pago y se fue.

4 comments:

lete said...

gerardo exelente blog, por fin pude leerte. asi es nosotros los segregados por voluntad propia somos los unicos que podemos expresar la siempre relativa realidad sin miedo a lo que puedan pensar los ciegos que gobiernan este mundo. te invito este domingo 21 a la cinemateca nacional en maracay en donde estaremos recitando y haciendo una pequeña actividad entre este grupo chico pero fuerte: los artistas. de diez am a dos pm entrada gratis lleva a todos los panas que puedas.

Alexandra Díaz Tochón said...

Hola Gerardo muy bueno tu blog me gusta muchisimo como escribes de echo en mi blog quice colocar uno de tus escritos que lei por maracay extrema... Saludos.

Doriana said...

Que vaina tan loca este relato... en la primera parte "desde entonces" que se repite es adrede?, cuestión de estilo o que?

Gerardo Carvajal said...

Sí, es cuestión de sonoridad, de hacer un círculo, de reproducir la monotonía de la rutina con las palabras..... ay, no preguntes eso que le matas la vaina a la vaina, jajaja.